Siria, un conflicto con difícil salida

Por Isidoro Jiménez, Profesor de Relaciones Internacionales, UFV

Siria

La comunidad internacional no supo ver qué había tras las revoluciones de la denominada Primavera Árabe que cumplen su tercer aniversario en este 2014. La comunidad internacional creyó que Siria sería una pieza más del tablero de los movimientos que prometían un cambio de régimen a través de un camino que debía desembocar en la libertad. La comunidad internacional contempló el problema, dejó pasar el tiempo y cuando decidió intervenir se topó con un sinfín de dificultades que alejan la tan deseada salida pacífica al conflicto.

La guerra civil siria se ha cobrado ya la vida de más de 130.000 personas y se cuentan por millones los ciudadanos que han tenido que abandonar sus casas. Uno de cada dos sirios necesita urgentemente ayuda. Estamos ante uno de los mayores casos de emergencia humanitaria a los que tiene que hacer frente Naciones Unidas. El destrozo de ciudades, infraestructuras, industrias y también del patrimonio arqueológico, así como la inseguridad reinante en la zona, son consecuencias de un conflicto que nunca debió llegar hasta este extremo.

La Unión Europea, con Catherine Ashton al frente, está intentado en los últimos meses elaborar una estrategia global que permita a los 28 actuar con una única voz en política exterior. Es difícil porque la UE ha perdido poder e influencia en el escenario global y las políticas nacionales siguen estando por encima de una diplomacia colectiva. Europa ha mediado con éxito en el acuerdo para la congelación del programa nuclear iraní pero ha fracasado ante Rusia en su política de acercamiento a Ucrania.

¿Cuál es el papel de la Unión Europea en la guerra siria? La UE apoya a la ONU y a los principales actores internacionales reunidos en la conferencia de paz Ginebra II. “Hay que lograr un alto el fuego y garantizar la ayuda humanitaria”, ha dicho Ashton reconociendo las grandes dificultades existentes para alcanzar un acuerdo de transición. Pero parece que eso no es suficiente y que la UE debería ser un actor más importante y no sólo un mero espectador. La relación histórica de aquel pueblo con las potencias europeas, el establecimiento de zonas de seguridad efectivas próximas a Europa y la necesidad de atender a miles de refugiados (por encima del escaso 0,5% acordado en diciembre), son razones suficientes para esperar que la Unión Europea tenga un papel activo y determinante en la difícil resolución del conflicto.

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