Preguntas para la abstención (y II)

No soy partidario de dejar sin respuesta las preguntas que se plasman en un texto periodístico. Si para algo está el periodismo es para abrirle los ojos a la opinión pública, para arrojar algo de luz sobre las cuestiones en las que los ciudadanos se encuentran más perdidos. Si el periodismo siembra más dudas, no está cumpliendo su función social.  ¿Por qué la abstención es directamente proporcional a la ampliación de Europa? Esa buena pregunta, como yo mismo la califiqué, quedó en el aire la semana anterior y debe ser respondida.

El Parlamento Europeo que surja de las elecciones del  25 de mayo va a tener nuevas competencias, no va a ser sólo una cámara de consulta y debate, sino que va a ver aumentado su poder para tomar decisiones de calado: elección del presidente de la Comisión, voz para valorar la constitución de gobiernos dentro de los países que forman la Unión (acordémonos de la ultraderecha en Austria y las amenazas que se ciernen sobre futuros gobiernos xenófobos, ultras, radicales, que harían peligrar la estabilidad de la institución), mayor poder legislativo en cuestiones que afectan a necesidades primordiales dentro de los estados miembros, respetando la soberanía nacional de cada una de ellos… Todas estas cuestiones se aprecian lejanas para los ciudadanos, que consideran que el Parlamento no va a legislar (función de toda cámara legislativa) en cuestiones directamente próximas, necesarias para su día a día, resolutorias de sus problemas cotidianos, basados fundamentalmente en la precariedad económica de muchos ciudadanos europeos, y en la falta de medidas de apoyo social.

Sentimos Europa lejana. Desconocemos Europa. Nos falta información sobre qué es Europa y cuál es nuestro papel. Por eso, el castigo ante tanta osadía es la abstención, denunciar a través del proceso electoral que esto no va con nosotros, que no nos sentimos identificados. Y la culpa hay que repartirla al cincuenta por ciento entre la propia institución y los estados que la forman.

Existe una ¿intencionada? falta de información sobre el funcionamiento y el valor de la Unión Europea y sus instituciones. Consejo Europeo, Comisión Europea, Consejo de Ministros Europeo, Parlamento Europeo…., se mezclan en una enrevesada maraña que somos incapaces de deshacer para poner cada institución en su sitio, conocer sus funciones, saber quién o quiénes están al frente de ella y, sobre todo, cómo pueden resolver nuestros problemas más acuciantes.

A esta incertidumbre que ya ha hecho mella, no sólo entre los ciudadanos de los países veteranos,  sino también en los de reciente incorporación (de ahí que la abstención sea directamente proporcional a la incorporación de nuevos socios), hay que añadir la falta de contundencia ante cualquier cuestión que salga del marco estrictamente económico. ¿Qué hacemos con la inmigración? ¿Qué postura hay que adoptar ante la amenaza rusa en Crimea? ¿Cómo resolvemos el drama de la violencia de género? ¿Qué política medioambiental desarrollamos en las zonas más afectadas por el deterioro del planeta? La lista de interrogantes sería interminable y la columna de respuestas estaría semivacía. Como las urnas.

 

Gabriel Sánchez, Profesor UFV

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