Creando escuela: Bruselas

En la madrugada del 3 de abril, la ELU puso rumbo a Bruselas. ¿Por qué Bruselas? Nuestro director académico, José Luis Parada, no tardaría mucho en recordárnoslo: en la ELU, habíamos dedicado los dos fines de semana de formación del año a hablar sobre Europa e identidad europea y, si bien no podíamos comprender la identidad europea sin Jerusalén, Grecia o Roma, tampoco podíamos entender la Europa de hoy sin Bruselas, una Europa institucional y compleja que, en cierto sentido, sigue buscando su identidad. A los alumnos de la ELU se nos forma para poder ejercer un liderazgo responsable en el futuro, teniendo siempre presente que para poder actuar, primero hay que conocer y no ser ajeno. Y eso era lo que hacíamos en Bruselas: conocer y adquirir una visión más global de Europa. Ese era el porqué de Bruselas.

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Pero más allá del porqué, a las cinco de la mañana lo más interesante era el cómo: las caras de sueño y las maletas llenaban la cola del mostrador, aunque no podían faltar algunos reencuentros y, sobre todo, mucha ilusión. Después de cierta tensión derivada del afán de algunos por exprimir el tiempo al límite y poralgún que otro contratiempo con los documentos de identidad, casi todos conseguimos subir al avión y aprovechar para dormir un par de horas. Cabe decir que los que se quedaron en el “casi” nos acompañaron más tarde.

En Bruselas nos recibieron con un emocionante trayecto en taxis en el que descubrimos que la capital de Europa puede llegar a tener un tráfico tan poco civilizado como el de algunas ciudades españolas y que resultó perfectamente convalidable por una visita al parque de atracciones de la ciudad. El resto del día lo dedicamos a recorrer la ciudad. Visitamos algunos de los edificios más representativos de Bruselas como el Palacio de Justicia o la Catedral de San Miguel, llegando hasta la Grand Place y el Manneken Pis. Lo hicimos guiados por nuestra becaria Ana Repáraz, que a muchos nos hizo replantearnos si no deberíamos estar estudiando arquitectura. Tampoco faltó un tiempo para dedicarlo al arte gracias a Sabrina Lucas, que organizó una visita al Museo de Magritteen la que pudimos introducirnos en el mundo del surrealismo.

Y es que esa es una de las cosas mágicas que tiene la ELU: tan pronto estamos hablando de arte como de justicia o de religión. Creo que hay pocos sitios donde un grupo de personas se siente espontáneamente en las escaleras del Palacio de Justicia para hablar sobre arquitectura, se pare frente a un edificio modernista y comience a hablar sobre historia y literatura o acabe frente a una catedral dialogando acerca de si para practicar el culto es necesario realmente que existan lugares donde practicarlo.

Los dos días siguientes fueron para las visitas institucionales: el Parlamento Europeo, la OTAN, la Comisión y el Comité de las Regiones. Era el momento para el que tanto se había trabajado desde el Instituto Robert Schuman. En el Parlamento Europeo, además de conocer la sede y poder asistir a una de las sesiones preparatorias de la Cámara, tuvimos un encuentro con la eurodiputada Izaskun Bilbao, con la que pudimos dialogar acerca del funcionamiento de las instituciones europeas, la convergencia de las políticas nacionales con las europeas o el perfil y los valores que debe tener un político.

ELU5La visita a la OTAN fue una gran oportunidad para conocer una institución difícilmente accesible de otra forma y en la que, sin duda, adquirimos una nueva perspectiva (ya fuera mejor o peor) de la organización. La visita a la Comisión con José María Cruz sirvió para situarnos de forma extraordinariamente clara en el esquema institucional de la Unión Europea y para acercarnos a la realidad política, legislativa y laboral que hay detrás de ella (incluido el sueldo de los funcionarios europeos). Sin embargo, no tuvimos oportunidad de asistir al Comité de las Regiones debido a que las instituciones europeas quedaron cerradas por la manifestación sindical del 4 de abril. En cierto sentido, la manifestación no dejó de ser otra oportunidad de conocer Europa, pues difícilmente habrá en este momento una realidad social europea más palpable que las continuas protestas ciudadanas.

Más allá de ello, lo cierto es que a muchos nos sorprendió el contraste entre las instituciones europeas y la OTAN. Mientras las primeras, especialmente el Parlamento, eran lugares prestos a abrirse al público, la OTAN era un lugar reacio a recibir visitas. Mientras en uno se respiraba una atmósfera de diálogo y transparencia, en el otro imperaba otra de secretismo y estricta jerarquía. Tuvimos la oportunidad de comer en la cafetería de la OTAN y mezclarnos con sus trabajadores. La sala estaba llena de embajadores, altos funcionarios y mandos militares, lo que creaba un ambiente imponente muy propio de las películas americanas y al que contribuían mucho los grandes carteles que colgaban de las paredes y que, en grandes letras mayúsculas, rezaban: “PROHIBIDO HABLAR SOBRE MATERIAS CLASIFICADAS EN ESTE ÁREA”.

1111Pero el viaje a Bruselas no se agotó en lo institucional. También hubo tiempo para conocer otras entidades, personas e, incluso, espacios. En este último caso me gustaría señalar nuestro paso por “La Tricoterie”, un lugar que nos recordó mucho al fin de semana de cultura urbana porque encarnaba esa idea de reconvertir y revitalizar los espacios que se habían quedados sin uso. Allí pudimos cenar y conversar con Aleix Sarri, el asesor del eurodiputado Ramón Tremosa, que mostró su gran dominio en materia económica y relaciones internacionales y analizó las líneas generales de la crisis económica actual. También tuvimos un encuentro allí con Jaime RodríguelMedal, un lobistaque nos introdujo en el mundo de estas organizaciones tan alejadas de la realidad española y que contribuyó a desmitificar algunas cuestiones referentes a ellas e incluso a eliminar algunos prejuicios. Tampoco perdimos la oportunidad de visitar uno de los thinktanks más importantes actualmente, el International Crisis Group, en el que Nadja Leoni nos explicó su función de investigación, análisis y recomendación política por todo el mundo.

Por último, solo queda hacer referencia a la visita a Brujas y Gante, dos ciudades del norte de Bélgica cuyo encanto nos enamoró a todos y en las que aprovechamos para hacer las compras que se esperan de todo buen turista. También era obligada la visita al Atomium, que cerró un viaje magnífico en todos los sentidos. Por ello, me gustaría dar las gracias (y creo que hablo en nombre de todos mis compañeros) a Sabrina Lucas y a Ana Repáraz por organizarlo, a nuestros directores José Luis Parada y Gonzalo Barriga por proponerlo y hacerlo posible y al Instituto Schuman por su gran trabajo y esfuerzo, especialmente a Elena Morales que nos acompañó en el viaje.

Este viaje no ha sido solo un éxito desde un punto de vista académico sino también desde un punto de vista personal, pues creo que no había mejor forma de lo que aquí llamamos “crear Escuela”.

Laura Estrella Blaya, alumna de la Escuela de Liderazgo Universitario, UFV

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