España en clave electoral

grafica resultados elecciones 14

Se apresuran los analistas a interpretar, con la mejor y más rigurosas de las intenciones -algunos-, los resultados electorales del 25-M. Y como decía César González Ruano, todos hablan mal de todos, y todos tienen razón. El bipartidismo se ha roto; entran en liza partidos de la extrema izquierda; el voto ha castigado a los partidos que han gobernado hasta ahora y que lo han hecho rematadamente mal desde hace más de un lustro; las siglas conocidas ya están obsoletas y caducas, huelen a rancias y hace falta otro espíritu…

Y todo eso es cierto, conocida la deriva electoral de la noche del 25 de mayo. Más allá de coyunturas puntuales que sólo afectan a los que están comprometidos, por ideología y referencia geográfica (Cataluña y su debate soberanista, Bildu y su coalición, no se sabe muy bien con quiénes, los Verdes valencianos, que me imagino estarán en contra de la contaminación acústica de petardos y mascletás ensordecedores), hay que darle reposo a los resultados y ser cicateros en cuanto a su interpretación.

Sólo ha votado el 46 por 100 de los españoles con derecho a sufragio. Así pues, falta por manifestarse la otra mitad, que guarda celosamente su voto para consultas más domésticas. Europa nos pilla lejos y es una diosa desconocida, difusa, confusa… Nuestro ayuntamiento, nuestra comunidad y nuestro parlamento, no. Ahí se cuecen nuestras habas a diario y es donde el ciudadano se moja. Los candidatos que encabezaban las listas no eran de primera fila, parcialmente desconocidos –su gestión sobre todo—para el gran público. Los candidatos nacionales ya son otra cosa: convivimos con ellos casi a diario y conocemos sus puntos fuertes y débiles. Está muy bien eso de mandar a los chicos de “Podemos” a Europa, a pelearse con la troika y plantarle cara a Merkel. Pero ¿los metemos en nuestro ayuntamiento, en el Parlamento?

Las elecciones del pasado domingo pueden ser un buen sondeo –sólo eso—si queremos extrapolar los datos a nuestro territorio: la ciudadanía pasa factura a los hechos y sus responsables; se acabaron las mayorías absolutas  (cinco, si no recuerdo mal desde la restauración de la democracia) y con ellas el absolutismo del gobierno de turno; los votantes jóvenes se movilizan; España no es xenófoba y los extremismos, de un lado y de otro, son tan extremos, que están fuera de nuestras fronteras. Y eso sí es de agradecer.

Gabriel Sánchez, profesor de la UFV

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