Más Europa

Han venido a coincidir las elecciones al Parlamento Europeo, la institución que representa a todos los ciudadanos del continente que quieren vincularse a la idea de unidad, surgida en la década de los 50, con fechas históricas que conviene tener presentes para analizar el verdadero sentido de la institución: cien años desde el inicio de la I Guerra Mundial (la Europa desgajada en imperios, reinos, minireinos, principados, ducados, parecía que se organizaba definitivamente), y la ofensiva de los países aliados contra el totalitarismo de Hitler y Mussolini, plasmada en el desembarco de Normandía. Además, para más significación, ambos hechos se desarrollaron entre los meses de mayo y junio. Hubiera sido conveniente  tener en cuenta estos dos acontecimientos antes acudir a las urnas. Y no hay que achacarlo todo a la falta de memoria histórica, bien es cierto. La deriva a la que el continente y sus instituciones han llevado a los ciudadanos en los coletazos finales del siglo XX y los albores del XXI (la guerra de los Balcanes, el desmantelamiento de la Unión Soviética, la orfandad de los países del Este que un buen día se encontraron con que no tenían padrino ni por un lado ni por otro, y la caída sin precedentes de las estructuras económicas y sociales) han dado como resultado una sensación de incertidumbre, decepción y anquilosamiento que ha sacado la vena más sórdida del ciudadano, esperando que la actitud más atrevida sea capaz de romper modos, tradiciones, costumbres y maneras de actuar podridas. Los extremismos, la xenofobia, la negación de los valores positivos se han hecho fuertes en un momento en el que era necesario lanzar un S.O.S. a nosotros mismos para despertar de un letargo que ya se hacía insoportable. Despertar.

La Francia amable y solidaria, cuartel de refugiados de toda índole, cuna de la Declaración de los Derechos del Hombre, ariete liberador del nazismo vivido en propia carne ¿es tan xenófoba como se ha manifestado? Holanda, alegre y desenfadada, cuajada de tulipanes multicolores, tolerante con drogas, vanguardias sociales, ¿es fascista, tal y como arrojan los resultados? Austria, cuna de Mozart y Karajan, alpina y tirolesa, la primera víctima del ansia expansionista alemana, alegre y desenfadada a ritmo de vals, ¿es realmente totalitaria? La Grecia clásica, cuna de la república, de la identidad del individuo, del pensamiento por excelencia, ¿se ha echado a los brazos de la extrema derecha?

Machado –otro nombre a tener en cuenta este año, 75 aniversario de su muerte—escribió: Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar.

Se ha vivido mal y se ha soñado con una idea diferente, drástica, capaz de modificar estructuras, prioridades, de dar soluciones… Pero el despertar nos volverá a la realidad –nos guste o no— y pondrá las cosas en su sitio, porque una pataleta es un acto pueril sin consistencia.

Gabriel Sánchez, profesor de la UFV

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s