Elecciones en Nigeria: el triunfo de Buhari y sus retos de futuro

«África es el continente con el mayor potencial, el menor desarrollo y el mayor talento humano subestimado y potencial abandonado. Nigeria es el país más grande: la puerta de entrada al futuro de África ». Richard Dowden, director de la Royal African Society

Jesús Díez Alcalde, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) nos hace un análisis sobre las Elecciones en Nigeria: el triunfo de Buhari y sus retos de futuro.
Tras las elecciones presidenciales celebradas el 28 y 29 de marzo en Nigeria, el triunfo democrático del musulmán Muhammadu Buhari es una noticia esperanzadora, porque, ha supuesto la primera alternancia pacífica en el poder en la primera potencia económica y demográfica de África. Por el momento, y a pesar de que el presidente electo cuenta con millones de detractores, existe un palpable optimismo en el país. «Nuestra nación se enfrenta a muchos desafíos: la inseguridad, la corrupción, el deterioro económico –declaró el presidente electo en su primer discurso tras los comicios–. Me comprometo a dar mi mejor esfuerzo para hacer frente a estos problemas». A partir del 29 de mayo, cuando se produzca el relevo oficial, tendrá que demostrar que, además de esta intención, también tiene la capacidad para hacerla realidad. Por el momento, más de 12 millones de nigerianos han confiado en que podrá cambiar muchas cosas, pero sería muy perjudicial que toda Nigeria tuviese que esperar demasiado tiempo para comprobar que se trata de algo más que palabras.
NIGERIA-VOTE

UNAS ELECCIONES PARA LA HISTORIA El 28 y 29 de marzo pasados, Nigeria celebró unas elecciones democráticas en las que resultó vencedor, al frente del Congreso de Todos los Progresistas, el musulmán Muhammadu Buhari, nuevo presidente de la primera potencia de África. Sin duda, un acontecimiento de enorme calado dentro y fuera del país, que llega en uno de los periodos más turbulentos y convulsos desde la instauración de la democracia en el país en 1999. Afortunadamente, las jornadas electorales transcurrieron en una relativa calma en la mayoría de los 36 estados nigerianos, excepto en los del nordeste, donde Boko Haram asesinó al menos a 41 personas y expulsó a cientos de votantes de los colegios electorales3 . Sin embargo, y a pesar de su deleznable esfuerzo, no consiguió su objetivo de boicotear el proceso electoral, gracias a la amplia presencia militar y a la firme determinación de los nigerianos para hacerse oír en unos comicios tan importantes para su país. Con todo, casi 30 millones de nigerianos acudieron a las urnas, durante esas dos jornadas: 15,4 de ellos apoyaron a Buhari, frente a los 12,9 que optaron por el candidato a la reelección, el todavía presidente cristiano Goodluck Jonathan, líder del Partido Democrático Popular. Como anunciaban todos los pronósticos, los resultados electorales han sido muy ajustados y han dejado muchas lecciones positivas para la historia, además de un palpable optimismo entre la población, y algunas razones para confiar en que Buhari podrá avanzar en la estabilidad del país, imprescindible para toda la región e, incluso, para todo el continente africano. Pero, sobre todo, y en sus propias palabras, «hemos demostrado al mundo que somos un pueblo que ha abrazado la democracia, y un pueblo que busca un gobierno por, para y de las personas». Un proceso, en fin, que bien podría convertirse en ejemplo para otras naciones africanas. Durante toda la campaña electoral, y especialmente tras el aplazamiento de los comicios motivado por el terrorismo de Boko Haram, la sombra de la inseguridad ha sobrevolado sobre este trascendental proceso político. A pesar de ello, como se había arriesgado a prometer Jonathan, las elecciones han sido libres, justas y pacíficas; y, además, sus resultados han provocado la primera alternancia democrática del poder en Nigeria. En gran medida, la actitud de los dos candidatos al aceptar los resultados ha sido determinante para evitar disputas violentas entre sus votantes, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones de 2011. Entonces, los enfrentamientos en distintas regiones septentrionales del país se saldaron con más de 800 víctimas mortales. La contundencia del derrotado Jonathan – «ninguna ambición puede ser más importante que la sangre de un solo nigeriano» –, junto al talante pacificador del vencedor Buhari –«extiendo mi mano de amistad y conciliación al presidente»– consiguieron calmar los primeros conatos de enfrentamiento entre sus seguidores, y sellar un proceso electoral que debe permanecer en la memoria colectiva de los nigerianos. Sobre el terreno, todos los observadores internacionales –Naciones Unidas, Unión Africana o Unión Europea, entre otros países y organizaciones– respaldaron la transparencia de estos comicios presidenciales; y, desde el exterior, los principales líderes mundiales felicitaron a los políticos nigerianos, fundamentalmente por su marcado talante democrático. Así, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, enfatizó que «el buen desarrollo de estas encuestas es un testimonio de la madurez de la democracia de Nigeria» ; el presidente Obama extendió sus felicitaciones «al pueblo de Nigeria y al presidente electo Buhari, con el que espero seguir trabajando en nuestras prioridades compartidas» ; y, por último, la alta representante de la Unión Europea, Federica Mogherini, rindió tributo «a todos aquellos que han hecho posible unas elecciones pacíficas, transparentes y creíble (…).

Ellos han demostrado que la Democracia puede funcionar». Más allá de las distintas lecturas que se pueden extraer de los datos y los porcentajes obtenidos por los dos contrincantes políticos, conviene ahora analizar otros aspectos que con toda seguridad tendrán una mayor proyección e influencia en el futro de Nigeria. En primer lugar, se deben valorar los motivos por los que Jonathan perdió unas elecciones en las que se perfilaba inicialmente como claro ganador; a continuación, saber del pasado político y el ideario de Buhari, así como cuáles son sus propuestas para solventar la grave crisis estructural, social y de seguridad que atraviesa el país; y, por último y sobre todo, considerar qué desafíos que deberá enfrentar a partir del 29 de mayo, cuando se convierta en el presidente de todos los nigerianos. Unas cuestiones clave para evaluar el enorme esfuerzo que debe realizar Nigeria si verdaderamente quiere garantizar, aún a muy largo plazo, un futuro más democrático, seguro y desarrollado para su población. Un futuro para el que, indefectiblemente, además de voluntad y capacidad política, deberá contar con una mayor cooperación regional e internacional.

+info: http://www.ieee.es/contenido/noticias/2015/04/DIEEEA20-2015.html

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