Entrevista a Mbuyi Kabunda

Mbuyi  Kabunda, profesor y miembro del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo. Profesor del Máster de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), y miembro del Grupo de Estudios Africanos (GEA) de la UAM. Autor de varias publicaciones sobre los problemas de desarrollo, conflictos y cooperación Sur-Sur en África.

1. El ataque a la revista Charlie Hebdo fue planificado y quienes lo cometieron estaban perfectamente entrenados para la misión. Parece que el atentado de Garissa también estaba planeado y fue ejecutado siguiendo un plan minuciosamente diseñado para ejecutar en primer lugar a los estudiantes no musulmanes. ¿Cree que estamos a las puertas de una era de atentados indiscriminados y sistemáticos por parte de grupos islamistas tanto en Europa como el resto del mundo?

R: El ataque contra la revista Charlie Hebdo fue programado y ejecutado por unos “lobos sueltos” del “Estado Islámico” (sucesor de Al Qaida), y el atentado de la Universidad de Garissa por un comando de Al Shabaab, el movimiento islamista somalí, desde su retaguardia en este país. Ambos con distintos objetivos: en el primer caso, para vengarse de las humillaciones o caricaturas del profeta por los periodistas de la revista satírica gala; y en el segundo como represalia a las bajas sufridas por los yihadistas somalíes a manos  de las tropas kenianas de intervención en Somalia, y sobre todo para dañar al turismo, que es la principal fuente de ingresos de Kenia. Ello viene ilustrado por el hecho de que las ciudades costeras, donde existen importantes comunidades musulmanas o somalíes, y Nairobi (como en el caso del ataque contra el  centro comercial Westgate el 21 de septiembre de 2013) son los principales objetivos de Al Shabaab. Su meta es fomentar animosidades entre las distintas comunidades confesionales, en particular entre cristianos y musulmanes en la región.

2. Al Shabaab ha matado a más de 400 personas en Kenia desde abril de 2013 en represalia por el envío de tropas a Somalia, para impedir que los yihadistas instauren un estado de corte wahabí en ese país del Cuerno de África, ¿qué recomendaciones daría a los gobiernos Keniatas y Somalís para atenuar la tensión entre ellos?

R: No existe tensiones entre los gobiernos keniano y somalí, que son aliados en la lucha contra los yihadistas, sino entre Al Shabaab y los gobiernos o Estados del Cuerno de África o del África Oriental.  El principal objetivo de Al Shabaab es destruir los Estados de la zona, donde quiere extender su política de terror, y sustituirlos por el califato islámico, objetivo perseguido también por AQMI y Boko Haram en el Sahel, al otro extremo occidental del continente. Es decir, una estrategia de expansión regional, pues Al Shabaab considera las fronteras de la zona como ilegítimas en unas tierras habitadas por las poblaciones musulmanas y que pertenecen, según este movimiento,  al Islam. Los Estados del Cuerno de África ─Uganda, Tanzania, Etiopía, Yibuti con fronteras porosas de las que se aprovechan los comandos de Al Shabaab en su guerra asimétrica─ deben,  y no sólo  Kenia y Somalia (Estado fragmentado o en descomposición), coordinar en el marco del IGAD (la organización intergubernamental del África Oriental), y con el apoyo de la comunidad internacional, la lucha antiterrorista contra Al Shabaab y destruir sus retaguardias en Somalia, sin excluir las negociaciones políticas, pues no se debe perder de visa que este movimiento encuentra el caldo de cultivo en la marginación de las minorías musulmanas y la pobreza vigente en la zona.

3. Para Sudán, una solución política pacífica que incluya el diálogo con los diferentes grupos políticos podría significar parar su fragmentación. ¿Cree que si finalmente se logra ese diálogo, el país podría avanzar hacia una convivencia pacífica?

R: Sudán ya ha sido dividido en dos partes, desde julio de 2011, el norte y el sur. El primero se enfrenta al problema del Darfur desde 2003 (problema de desarrollo desigual); y el segundo, Sudán del Sur, que controla el 70% de los yacimientos de petróleo) se caracteriza por los enfrentamientos, desde el 16 de diciembre de 2013,  entre las tropas leales al presidente Salva Kiir, en su mayoría dinkas, y las fieles a su hasta poco vicepresidente,  Riek Machar, principalmente nuers. Si esta pregunta se refiere a Sudán del Sur,  pienso que tanto Salva Kiir como Riek Machar deben anteponer el diálogo a sus intereses  para poner fin a la guerra civil entre sus seguidores étnicos respectivos, una guerra que dura desde hace 16 meses. Se pusieron de acuerdo en la lucha contra   el norte, y ahora por razón de poder se enfrentan entre ellos. La independencia del Sur-Sudán se está convirtiendo en una catástrofe humanitaria. El fracaso reiterado de  las sucesivas  negociaciones de Adís Abeba debe entrever como salida al conflicto una de las soluciones siguientes: el reparto del poder entre ambos líderes, su exclusión del poder durante el “período de transición” como sugiere la Comisión de investigación de la Unión Africana, e incluso las sanciones contra los principales beligerantes y sus respectivos colaboradores (secuestro de sus cuentas e impedimento de viajar al extranjero, y posibilidad de responder de sus crímenes y exacciones ante la Corte Penal Internacional, etc.).

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