El “Brexit” y sus implicaciones para la seguridad europea

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Operación EUNAVFOR MED. Fuente: flickr CSDP EEAS

Sorprendentemente, poco se ha hablado en el debate de la salida de Reino Unido de la Unión Europea sobre las consecuencias en el ámbito de la seguridad y la defensa. Sorprende, porque se trata de un aspecto de enorme importancia dados los acontecimientos que venimos observando en la misma Europa y en los territorios próximos del Sur y del Este.

La Política Común de Seguridad y Defensa

Desde que se emprendió el largo del camino para la integración europea tras la Segunda Guerra mundial, la Política Común de Seguridad y Defensa ha sido una de las políticas que más discrepancia ha provocado entre los Estados miembros. La razón principal es el hecho de que la seguridad y la defensa formen parte del núcleo esencial de la soberanía de los estados. No obstante, su papel ha ido tomando gradualmente más relevancia en las últimas décadas, especialmente tras la guerra de Yugoslavia en los noventa, debido principalmente a la necesidad de dotar a la Unión Europea de instrumentos eficaces para gestionar las sucesivas crisis que se han venido produciendo.

Actualmente, las capacidades de la PCSD (Política Común de Seguridad y Defensa), integrada dentro de la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea son, en términos generales, limitadas.

La mayoría de los 28 países miembros poseen unas fuerzas armadas pequeñas con escasas capacidades estratégicas para el despliegue en el exterior, algo fundamental para las misiones actuales. Tanto es así, que para las misiones que se están llevando a cabo es necesario pedir prestado al ejército de EE.UU. capacidades importantes como el transporte estratégico. Además, la PCSD ha sido debilitada por la crisis económica y los consecuentes recortes en el presupuesto tanto en defensa como en acción exterior. Pero no nos equivoquemos, a pesar de ello, en este convulso panorama internacional, la UE necesita a la OTAN tanto como la OTAN a la UE.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, de los países europeos, los que poseen mayores capacidades para el despliegue militar en el extranjero son Reino Unido y Francia. Son, además, los únicos poseedores de armas nucleares y son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Para una perspectiva más amplia, hay que recordar que Reino Unido es la quinta economía global, el sexto presupuesto militar y la sexta industria de defensa del mundo.

Implicaciones para la seguridad

A corto plazo, la salida de Reino Unido de las estructuras de la UE aumentará la carga sobre los países europeos más pequeños, en un momento en el que la economía no termina de recuperarse.

Tendrá, además un serio impacto en la capacidad de análisis y espionaje de la inteligencia europea. Aparte de sus propios servicios de inteligencia, de los mejores del mundo, Reino Unido es el único miembro europeo de la organización de inteligencia Five Eyes (EEUU, RU, Australia, Canadá y Nueva Zelanda). Tras el “Brexit”, el intercambio de información sensible será de forma bilateral y, presumiblemente, menos eficaz.

En el ámbito operacional, el Cuartel General de la Operación Atalanta de la UE contra la piratería está localizado en Northwood. Además, Reino Unido ha proporcionado dos buques a la operación “EUNAVFOR Med” también llamada “Sophia”. Sin embargo, la ruptura aquí no supondrá un gran inconveniente puesto que la contribución total británica, tanto civil como militar, en las operaciones de la UE es bastante reducida, situándose en torno al 5-7% del personal desplegado.

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Rueda de prensa de la Operación Sophia. Fuente: flickr CSDP EEAS

Por otro lado, hará a la organización de seguridad y defensa de la UE, al menos a corto plazo, más dependiente de la OTAN y de Estados Unidos. Un hecho problemático, dado el deseo de la administración Obama de que los europeos asuman un papel más importante en materia de defensa.

Además de poder militar, la Unión Europea pierde algo muy importante como es una cultura estratégica, la británica, de primer orden, la de un país y una sociedad que respalda el uso de la fuerza como instrumento de la política exterior, frente a unas sociedades europeas donde priman las culturas de seguridad blandas. Una pérdida que se reflejará a la hora de adoptar decisiones sobre desplegar y usar el poder militar europeo.

El ”Brexit” como oportunidad

Con su salida, el Reino Unido dejará de condicionar las orientaciones políticas y estratégicas que sirven de marco a las decisiones militares, diplomáticas y económicas como las adoptadas frente a Rusia, Siria, Irán, Mali, el Sahel y tantos otros escenarios de confrontación.

Sin embargo, esto puede ser un hecho positivo para la PCSD al ser los británicos, en muchas ocasiones, un freno en el avance en la integración de la seguridad europea.

Reino Unido bloquea desde 2003 el establecimiento de un Cuartel General Operacional permanente en Bruselas para monitorizar las misiones de la UE, por miedo a duplicidades con la OTAN. Otro ejemplo de este freno es la reticencia británica a aumentar el presupuesto de la Agencia Europea de Defensa, congelado desde hace 5 años, que financia el mecanismo Athena, encargado de cubrir los costes de las operaciones militares de la UE.

Sin Reino Unido, los Estados miembros escépticos con la integración en seguridad perderán a su principal valedor y esto posibilitaría un avance en las políticas de la UE como el desarrollo de la cooperación estructurada permanente.

El futuro de Europa

La reducción de capacidades en seguridad y en inteligencia no llegan en un buen momento para la Unión Europea ni para Reino Unido.

Europa tiene ante sí uno de los retos más graves de su historia: debe hacer frente a la crisis de la eurozona, la crisis de los refugiados de Oriente Medio y Norte de África, la amenaza del terrorismo, una Rusia agresiva y una Turquía yendo cada vez más hacia posiciones anti-europeas. Todo ello con uno instrumento, la PESC, que no termina de ser todo lo eficaz que debiera, dadas las circunstancias, y con un cierto retraimiento internacional de un aliado actualmente esencial como es EE.UU.

Así, la UE necesita, ahora más que nunca, unos mecanismos eficaces para gestionar las crisis actuales, necesita avanzar en la política común de seguridad y hacer frente a los retos de forma conjunta.

A pesar de los costes a corto plazo, la salida de Reino Unido puede convertirse en una oportunidad para relanzar la integración europea en seguridad y defensa. La clave fundamental para lograrlo es, más que nunca, la voluntad política de los líderes europeos.


Fuentes consultadas:


José Carlos Márquez Alcolea
Colaborador del Instituto Robert Schuman de Estudios Europeos
Alumno de posgrado UFV

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